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J2
                        
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Page 1

De 1932 a 1980 elcomentario literal del texto freudiano
por]acques Lacan, pone como apuesta lo que en ese
comentario se designa con sus nombres de imaginario,
de simbólico, de real. El freudismo recibe con ello
una buena barrida, Pero hoy, el comercio cultural lo
hace retornar en una moda de freudolacanismo
complaciente: desprecio del imaginario, exaltación
de la palabra, no - saber del real.
Lo que habrá sido el retorno a Freud de]acques Lacan
aún está por decirse, sigtJiendo la huella de la vía
según la cual él mismo es freudiano. Una subversión
del imaginario es mostrada aquí como uno de los
efectos de ese retorno.
La dimensión imaginaria, de entrada identificada al
narcisismo y por ello devaluada en beneficio del
simbólico, se convertirá en lo único que permite
hacer lazo entre el simbólico y el real.
¿Acaso sería por su aplicación al espejo qU é: d
psicoanalista es el soporte de ese otro imaginad,) e l1
su invención y su presentación?

libros de ar~e¡acreí

BSITESA
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El retorno a Freud

de Jacques Lacan


La aplicación al espejo

Philippe Julien

Traducción al español de
Raq uel Capurro

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Page 60

¡lO La transferencia

Diotima, una promoción del ser-más. Es esto lo que dellJanau~
pasó a nuestra tradición3 •

La significación del amor es una transferencia

Romper con esta tradición es ver su caída con la llegada de
bíades: allí es el punto culminante del Banquete, en su enst:uQ.c.l
za sobre la transferencia. Con Alcibíades no escuchamos más
elogio del eros, sino el de un erastes para su eromenos. ¿
se realizó en Alcibíades una transferencia según la fórmula
Lacan: el deseo del sujeto es el deseo del Otro?

La transferencia no es una simple re-inscripción, o sea lo
se instaura cada vez que un sujeto se dirige auténticamente
Otro: una definición demasiado general. En el análisis, la
ferencia es un proceso específico, que Platón expone en las
mas páginas del Banquete, con el discurso de Alcibíades.
transferencia viene del deseo-del-analista, el analista que
el lugar vacante del deseo del Otro. Si en algún lado hay un
seo, puede entonces realizarse una metáfora (si se habla
una transferencia (si se habla latín) del amor, o sea una SUStltUCltJ
de lugares, el analizante como eromenos deviene a su
erastes, y coloca al analista en posición de eromenos. Pero,
esta doble condición: el analizante deviene erastes en la medida
que no sabe en qué es eromenos; ya esta nesciencia correspond
correlativamente una segunda: el analista puede ser puesto
el analizante en posición de eromenos en la medida en que
sabe el objeto que encierra, el objeto causa del deseo del
zante. No hay pura repetición del pasado, sino producción
un nuevo agieren.

El análisis no es sólo la simbolización de un pasado TPnTiTn
sino innovación: un fuego se enciende, y del tronco
surge una mano que intenta alcanzar otra mano que está
tendida desde hace mucho tiempo. Para ver cómo se
este proceso en el final del Banquete, debemos distinguir
secuencias:

3. Cfr. las Confesiones de San Agustín, cap. VII (146) Y sobre todo cap. IX

(199-201): la visión en Ostia con su madre.


Una metáfora del amor 111

Primer tiempo

La metáfora del amor supone algo previo, el deseo de Sócrates.
Alcibíades fue el primer ero menos de Sócrates; pero esta an­
terioridad del erastes es una anterioridad velada del deseo del
Otro, porque Alcibíades no sabe qué hay en él, que lo constituye
('omo eromenos. De allí nace la pregunta: che vuoi?

¿Qué quieres de mí? ¡Que al fin yo lo sepa, para que a partir
de ese saber yo sepa lo que soy para ti!

I,acan citaba, a propósito de esta insciencia del eromenos sobre
el deseo del Otro, estos versos de V. Hugo en Booz endormi:

"Booz no sabia que una mujer estaba allí.

Ruth no sabia lo que Dios queda de ella" .


Segundo tiempo: el nacimiento de la métafora

El fenómeno de la sustitución de lugares ha sido perfectamente
descrito en el Fedro, con la importancia que conviene acordar
I la visión por parte del eromenos del erastes. Así Platón escri­
be: "Una vez recibida por vía de los ojos la emanación de la be­
lleza, el iniciado se calienta" (251b). Esta emanación es una
I:orriente (en griego himeros, la misma palabra que emplea
Sófocles para calificar el deseo de Antígona), que explica la
lustitución de lugares:

"Como el aire o un sonido reflejado por un cuerpo liso o
sólido, las emanaciones de la belleza vuelven al alma del
bello joven por el canal de los ojos, y abriendo a las alas
todas sus salidas las nutren y las desprenden y llenan de amor
el alma de la persona amada (eromenos). Ama, pues, pero
no sabe qué; no comprende lo que experimenta, ni tampo­
co podría decirlo; se parece al hombre que por haberse con­
templado por mucho tiempo en otros ojos enfermos, sintiese
que su vista se oscurecía; no conoce la causa de su tur­
bación, y no se da cuenta de que se ve en su amante (erastes)
como en un espejo" (255d).

I \sto es exactamente lo que el Banquete escenifica con la confe­
,~ión pública de Alcibíades. ¿Qué dice pues? Que invitó a Sócrates
il cenar y a pasar la noche con él, para recibir de él, luego de

Page 61

112 La transferencia

seducirlo, los signos de su amor, dicho más claramente:

.

Sócrates se le parara ante él! (217-19). A esta incondici
demanda de signos. Sócrates no responde. No dice que no lo
pero no responde. Si Sócrates respondía a la demanda de
nos, entonces la metáfora fracasaría. Alcibíades seguiría
un eromenos, el de Sócrates. Ahora bien, aquello que
busca en Alcibíades, es más bien al deseante y no tanto al
ble, busca la falta en él.

Con mayor exactitud, Sócrates desea a Alcibíades como
te... y no como el deseante, si no Alcibíades aún se
Sócrates, en tanto amar es querer ser amado. Alcibíades
pues de lugar, deviene erastes, yen ese momento, como
Fedro: "No sabe que en su erastes, como en un espejo,
mismo a quien ve" (255d); el mismo devenido erastes.
Platón lo sabe por el saber de Sócrates.

Tercer tiempo: la realización de la metáfora

Esta escena privada de la invitación a su casa no queda
Alcibíades la plantea en una segunda escena, en el banquete
casa de Agatón. Hace de esa primer escena confesión pública
un público elegido, que se tornará a través de Aristodemo, y
de Platón, en ese público anónimo que somos hoy como
res. Alcibíades se expone, avanza solo, porque no es un
co encarnizándose en pedir signos de amor o callarse. Dice
pasión: hasta qué punto la voz de Sócrates lo posee, lo
lo hace llorar, cómo obedeció a sus palabras, y qué
tenía de mostrar en público esta dependencia. Hoy c
sin pudor, en la ausencia del temor a la castración, su
"femenina" .

Así, a través de ese bien-decir, realiza la metáfora del amor:
tituye a Sócrates en el lugar de eromenos que encierra al o
de su deseo. Tremenda confesión, en la que Alcibíades dice
rabia de hombre herido, insultado, deshonrado en su
"masculino", "mordido por una extraña herida" (Lacan).

Pero por ese decir, forja una presentificación del objeto de
fantasía, allí donde se encuentra la causa de su deseo. El
que hace de Sócrates produce ese objeto que Platón
bra: ayat...¡.w. (agalma). Hay allí una subversión del sentido

¡Lec

Una metáfora del amor 113


mún de esa palabra: el agalma no es la bella imagen, la imagen
divina en su adorno. La imago de Sócrates, lo que muestra afuera
(l;oo6ev) "haciéndose el ingenuo y el niño", sólo es una caja
rÍlstica y grosera. Pero más allá de ella, dentro (EvOo(h::v) hay
joyas, los agalmata. Sócrates es puesto en posición de eromenos
por Alcibíades, en quien se realiza la metáfora del amor, o sea,
HU significación misma.

Lo que desea Alcibíades en Sócrates, no es ya la imagen-hábi­
lo con la cual lo revestía, para identificarse a ella y verse en ella
como amable. No pide más signos de amor. Más allá del amor,
cuya esencia es narcisista, está el deseo causado por el agalma
escondida; más allá de la imagen-hábito, está ese resto que
I,acan llama objeto a y que sostiene a la imagen.

Esto nos esclarece sobre lo que es la transferencia en el psico­
unálisis: sustitución de lugares. Pero esto no es todo. ¿Qué res­
ponde en efecto Sócrates? Que la verdad (y no la opinión) es lo
que no hay de agalma en él, y que todo lo que dice Alcibíades
110 le concierne a él, Sócrates, sino a Agatón. Le designa a su
verdadero eromenos. Más aún, lo acompaña y lo sostiene ha­
ciendo el elogio de Agatón. Por esta triangulación lo satisface
presentándole una imagen de sí mismo, una imagen de erastes
deseante de ese mismo eromenos: Agatón.

Pero, ¿cómo sabe Sócrates que no hay agalma en él? ¿Cómo
~abe que la agalma para Alcibíades está en Agatón? Hay allí,
dertamente, una interpretación forzada, de la que el analista debe
cuidarse. Y sin embargo, la dirección es correcta, en tanto que
es el analizante mismo quien debe realizar ese pasaje a una trian­
~lllación. Habiendo constituido su fantasía fundamental, el ana­
lizante tiene que vivir a partir de allí su pulsión más allá del
IIl1alista, según la contingencia del buen encuentro (la eutiquia)
de un tal Agatón o de una tal Agata, y no según la vía de la iden­
liricación idealizante, aquella indicada por Diotima3bis •

Ihis. Cuatro años después, al leer Le ravissemenl de Lo/ V. Slein, Lacan retoma
esta triangulación constituyente del erasles en "Hornrnage rait a Marguerite
Duras" con Lol, Tatiana y Jacques Hold.
Cfr. cahiers Renaud·Barrault, 1965, y Marguerite Duras, París, Albatros,
1979. p. 131-138. Traducido por la revista Conjetural, no. 3, Buenos Aires,
Ed. Sitio.

Page 119

228 Índice

lanet, P. : 28

Jung, C.G. : 143, 164


Kant, E. : 98, 103-06, 189

Kierkegaard, S. : 122

Klein, M. : 41, 46, 116

Koyré, A. : 137-38, 165

Krestchmer : 28

Kris, E. : 15, 78-84


Lagaehe, D. : 57, 63, 116, 185

Littré : 137

Letra: 6,67, 139-152, 156-161,


212

Loewenstein, R. : 18


Magritte, R. : 151

Maltre (Maestro-Amo) : 68-70,


75-6

MaJraux, A. : 39

Maritain, J. : 203

Martin : 100

Masoquismo : 24, 28, 46, 103

Maurras, C. : 31, 69

Mendes-France, P. : 78

Merleau-Ponty, M. : 178, 180-84

Metáfora : 120-22

Mirada: 167, 178-83, 186-7

Montherlant, H. de : 34, 171


Napoleón : 128

Narcisismo : 17, 26, 29-30, 34, 40,


58, 66, 109, 204-7

R. : 105


Newton : 67, 125


Objeto a : 49,89,112,116-17,

143, 178-79, 183, 187-88, 192-97,


219


Ocho interior 10-12

Olvido: 2, 3


Paulhan, J.: 163-64, 223-25

Paranoia : 18, 30-1, 41, 43-49

Parménides : 139

Picasso, P. : 137,218

Platón : 38, 69, 98, 107-5s

Poe, E. : 73, 147

Poliakov, L. : 203

Poulet, G. : 184

Proust, M. : 149


Racine : 69

Rad, G. von : 202

Rimbaud, A. : 71

Rousseau, J.J. : 30, 45

RusselI, J. : 148


Sade : 103-55

Safouan, M. : 70, 153

Saber : 108-10, 129-34, 169, 194

Schmideberg, M. : 80

Separación : 170-2

Sévigné, de : 99

Sófocles : 104

Spitz, R. : 61

Sujeto (de la ciencia) : 124-30


Tchoang-Tseu : 128

Temístocles : 69

Transferencia: 64, 89-95, 107-118,


130-34, 161


Voz 103


WalIon, H. : 35-7

Weber, M. : 70


Términos de Freud en alemán:


Ablehnung : 178

Agieren : 94"5, 110

Assoziation (iiusserlieh) 156

Aufhebung : 5

Auslegung : 6


Bedeutung : 55

Bejahung : 85-6

Bilderriitsel : 157


DarstelIbarkeit : 206

Deutung : 90

Ding : 101-02


Einfühlung : 217

Erinnern : 90, 94

Erinnerungstiiuschung : 222

Ersatznamen : 154, 157


Gedanken : 126, 165, 167

Gedankenreihe : 155


Hilflosigkeit : 36

Hindernis : 91


!chideal : 58-63, 109, 115, 148,

153-ss, 185-6


Idealich : 58-63, 185-6

Identifixierung : 60


Laienanalyse 131


Namenverbildung : 155

Narzisslich Objetkwahl : 26, 179

Nebenmenseh : 101


Penisneid 178


Realitat : 90


Schriftbilder : 157

Sehuldgefühl : 25

Sinn : 55, 155

Spaltung : 101

Spiegelung : 90

Strafbedürfnis : 25

Subjekt : 58, 144, 168


Trieb : 167-68, 173, 186, 191


Überdeutlieh : 222

Ubersetzung : 25, 92, 140

Ubertragung : 90, 92-5, 140

Uberwindung : 27

Umwandlung : 26-7, 40

Unbewüsst : 128, 154, 164

Unerkannt : 201

Unterdrückung_: 156

Urbild : 38

Urverdrangt : 86, 95, 114, 129,


151, 165, 167, 169,200-01


Verdichtung : 147

Vergreifen : 155-163, 222

Verliebtheit : 58, 62-3

Verneinung : 53, 78, 82-3, 86

Versagung : 171

Versehiebung : 147, 156

Versetzung : 26

Verworfen : 84, 92

Vorstellung : 102

Vorstellungsreprasentanz 167


Wiederho1ung : 90, 94-5, 222

Wo es war, solI Ieh werden : 83,


126-55, 182


Zug (einziger) : 60-62, 147-48, 152,

185-6

Page 120

Índice de las ediciones en francés de las principales
obras de lengua francesa.

Barthes, Roland, La chambre e/aire, Oallimard-Seuil, 1980, París.
Caillois, Roger, Méduse et Cie. París, Oallimard, 1960.
K. L. Dover, Homosexualité grecque, París, La Pensée sauvage, 1982.

Foucault, Michel, L 'ordre du discours, París, Oallimard, 1971.

Ooree, Maxime, Les pré-écritures et l'évolution des civilisations, Klincksieck,

París, 1974.

Koyré, A., Eludes d'histoire de la pensée scientifique, París, Oallimard, 1973.

Lacan, Jacques, Ecrits, París, Seuil, 1966.


Le Séminaire, Livre 1, París, Seuil, 1975.
Le Séminaire, Livre 1I, París, Seuil, 1978.
Le Séminaire, Livre llI, París, Seuil, 1981.
Le Séminaire, Livre Xl, París, Seuil, 1973.
Le Séminaire, Livre XX, París, Seuíl, 1975.
De la Psychose paranoi'aque . .. , París, Seuil, 1975.
Télévision, París, Seuil, 1973.

Merleau-Ponty M., Le visible et /'invisible, París, Oallimard, 1964.

Paulhan, J., Oeuvres completes-Cerc/e du /ivre précieux, 1966, París.

Poulet, O., Les métamorphoses du cercle, París, Flammarion, 1979.

Revue Sci/icet, Números 1,2/3,4, 617, París, Seuil, 1968-1976.

Revue Lit/oral, París, Eres, a partir de 1981.

Safouan, M., J. Lacan et la question de la formation des analystes, París,

Seuil, 1983.

Wallon, H., Les origines du caractere chez /'enfant, París, Boivin, 1934.

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