Download Finley M I - El Mundo De Odiseo PDF

TitleFinley M I - El Mundo De Odiseo
File Size479.2 KB
Total Pages100
Document Text Contents
Page 2

M . I . F i n l e y E l m u n d o d e O d i s e o

2

Page 50

M . I . F i n l e y E l m u n d o d e O d i s e o

50

apreciación el no ver más que un eufemismo en la insistencia de llamar "regalos" a tales pagos, ya
que, desde luego, les faltaba la regularidad de los impuestos o derechos así como la fijación de la
cuantía. Incluso un juego de libre elección, limitado de este modo, en cuanto al momento y a la
cuantía del pago, daba a éste un rasgo de sentimiento y de valor de los que generalmente carecía el
impuesto. Es difícil medir esta distinción psicológica; pero no puede desatenderse por esa razón.
"Honrémosle como a dios con dádivas." Aunque se tema a los dioses, éstos no son recaudadores de
impuestos, y la relación del hombre con ellos es de otro orden. De igual manera, una dádiva a un
gobernante, aun siendo obligatoria para todos los fines prácticos es, en su forma voluntaria, de otro
orden que el impuesto fijado con su carácter abiertamente coercitivo.

¿Cuál era el contrarregalo para el pueble? La res—puesta está principalmente en el campo en
que clasificamos los asuntos extranjeros. El poder efectivo del rey otorgaba protección y defensa
por sus tratos con leyes extranjeros, por su organización de actividades tales como la construcción
de murallas, y por su mando personal en la batalla. Era "pastor del pueblo", lugar común homérico
que no tenía nada de la imagen arcadia, sino sólo el sentido de las palabras de Goethe: “El que no es
guerrero no puede ser pastor."45 Sarpedón, comandante del continente licio que apoyaba a Ios
troyanos, señaló este punto abiertamente: "¡Glauco! ¿Por qué a nosotros nos honran en la Licia con
asientos preferentes, manjares y copas de vino, y todos non miran como a dioses, y poseemos
campos grandes y magníficos a orillas del Janto, con viñas y tierras de pan llevar? Preciso es que
ahora nos sostengamos entre los más avanzados y nos lancemos a la ardiente pelea, para que diga
alguno de los licios, armados de fuertes corazas: 'No sin gloria imperan nuestros reyes en la Licia; y
si comen pingües ovejas y beben exquisito vino, dulce como la miel, también son esforzados, pues
combaten al frente de los licios." (XII 310—21.)

El rey ofrecía su dirección militar y su protección, y muy poco más, fuera de algunos indicios
de justicia (o injusticia) real diseminados en la Odisea, uno de ellos en un largo símil: "¡Oh mujer
[Penélope]! Ninguno de los mortales de la vasta tierra podría censurarte, pues tu gloria llega hasta el
anchuroso cielo como la de un rey eximio y temeroso de los dioses, que impera sobre muchos y
esforzados hombres, hace triunfar la justicia, y al amparo de su buen gobierno la negra tierra
produce trigo y cebada, los árboles se cargan de fruta, las ovejas paren hijuelos robustos, el mar da
peces y son dichosos los pueblos que le están sometidos." (19.107—14) Este enlace directo del
buen gobierno y de la fecundidad de la naturaleza es anacrónico, como lo es la noción de "temor a
los dioses"; no pertenecen al mundo de Odiseo, sino al siglo VII a. c., cuando la idea de un mundo
ordenado por la justicia divina había penetrado en la mente de los, hombres. Pertenecen a los
poemas de Hesíodo, no a1 la Odisea. En todo lo que dice Homero nos demuestra que ha permitido
que allí entre un rasgo contemporáneo, pero lo limita cuidadosamente, no obstante, a un símil
inofensivo y evita de esta suerte cualquier posible contradicción en la narración misma. La vuelta de
Odiseo al trono de Ítaca era justa y debida; pero se trataba de una acción privada guiada por
intereses personales, y no del triunfo de la rectitud en el interés público.

Apenas si hace falta preguntar por qué Alcínoo no, hizo que el pueblo diera directamente un
regalo a Odiseo. Los trípodes y los calderos eran tesoros, cosas que únicamente la aristocracia
poseía en cantidades considerables. Además, no hubiera sido conveniente que el pueblo aportara los
presentes para despedir a un héroe. En una sociedad tan firmemente establecida en sus clases, en la
que la donación tenía cierto carácter ceremonial, no cualquiera podía regalar algo a ciertos
individuos. Más bien había líneas estrictas de donación, así como grados y categorías de objetos.
Expresado en otros términos: la dádiva y la relación entre el que da y el que recibe, eran
inseparables. Lo que iba del pueblo a su señor era una cuestión; lo que iba a un forastero era otro
asunto, y no se permitía la menor confusión entre las dos relaciones.


45 Cita tomada de H. Fränkel, Die homerischen Gleichnisse (Gotinga: Vandenhoeck, 1921), p. 60.

Page 51

M . I . F i n l e y E l m u n d o d e O d i s e o

51

Como quiera que los psicólogos comprendan el lado afectivo de aquellas donaciones,
funcionalmente ocupaban su puesto en el casamiento y con el poder armado como un acto mediante
el cual eran creadas las relaciones de posición social, y lo que nosotros llamaríamos obligaciones
políticas. El mundo de Odiseo estaba dividido en muchas comunidades parecidas a la de Itaca.
Entre las comunidades, la relación normal era la de hostilidad, a veces pasiva, en una especie de
tregua armada, y a veces activa y belicosa. Cuando los pretendientes muertos entraron en el Hades,
la llegada en masa de "los mejores hombres" de Itaca fue alarmante , y automáticamente se atribuyó
a una de dos causas. "¿Acaso Poseidón —preguntó la sombra de Agamenón— os mató en vuestras
naves, desencadenando el fuerte soplo de terribles vientos y levantando grandes olas? ¿O quizás
unos hombres enemigos acabaron con vosotros en el Continente porque os llevabais sus bueyes y
sus magníficos rebaños de ovejas o porque combatíais para apoderaros de su ciudad y de sus
mujeres?"46

En un ambiente de hostilidad tan permanente se permitía a los héroes buscar aliados; su
código de honor no les exigía que permanecieran solos contra el mundo. Pero nada había en su
sistema social que creara la posibilidad de que entraran en alianza dos comunidades como tales.
Sólo podían obtenerse acuerdos personales por medio de los canales de casa solar y parentesco. El
primero de éstos era el matrimonio, que servía, entre otras cosas, para establecer nuevas líneas de
parentesco y, por lo tanto, de obligación mutua, que cruzaban y entretejían el mundo helénico.
Únicamente los hombres concertaban los matrimonios, y sólo un individuo que hubiera perdido la
gracia de Zeus podría desentenderse de las consideraciones de riqueza, poder y apoyo al hacer su
elección.

Varias generaciones de este calculado intercambio de las hijas, que aportaba parientes
femeninos, creaban una red de obligaciones intrincada y a veces confusa. Ésta era la razón por la
cual los héroes aprendían cuidadosamente de memoria sus genealogías y las recitaban con
frecuencia. Cuando Diomedes y Glauco "fueron a encontrarse en el espacio que mediaba entre
ambos ejércitos", el primero se detuvo y preguntó: "¿Cuál eres tú, guerrero valentísimo, de los
mortales hombres? Jamás te vi en las batallas, donde los varones adquieren gloria." La respuesta de
Glauco fue un largo recitado; de sesenta y cinco versos completos, la mayoría de los cuales trataban
de las hazañas heroicas y de los descendientes de su abuelo Belerofonte. Sus palabras finales
fueron: "Tal alcurnia y tal sangre me glorío de tener."

Continúa el poeta: "Así dijo. Alegróse Diomedes, valiente en el combate...: 'Pues eres mi
antiguo huésped paterno, porque el divino Eneo hospedó en su palacio al eximio Belerofonte, le
tuvo consigo veinte días y ambos se obsequiaron con magníficos presentes de hospitalidad... Soy,
por consiguiente, tu caro huésped en el centro de Argos, y tú lo serás mío en la Licia cuan—do vaya
a tu pueblo. En adelante no nos acometamos con la lanza por entre la turba. Muchos troyanos y
aliados ilustres me restan para matar... y asimismo te quedan muchos aqueos para quitar la vida a
cuantos te sea posible. .Y ahora troquemos la armadura, a fin de que sepan todos que de ser
huéspedes paternos nos gloriamos."47

Esto no es una comedia. Homero no era Shaw, ni Diomedes un soldado de chocolate. La
amistad por hospitalidad era una institución muy seria, la contraparte del matrimonio para forjar
relaciones entre los jefes; y no podía haber una prueba más dramática de su valor en el
sostenimiento de la red de relaciones que justamente un momento tan crítico. El huésped y la
amistad por hospitalidad eran mucho más que términos sentimentales de afección humana. En el
mundo de Odiseo, éstos eran nombres técnicos para designar relaciones muy concretas, tan


46 Odisea, 24, 109-13. En la escena anterior en el Hades, Odiseo saludó la sombra de Agamenón con palabras

idénticas: (11.399-403).


47 VI 119-231. Tal fue la ocasión en que Glauco perdió la razón y dio una armadura de oro por una de bronce.

Page 99

M . I . F i n l e y E l m u n d o d e O d i s e o

99



INSTITUCIONES
De los más importantes análisis recientes de las instituciones, tres me parece que confían

demasiado en nuestra capacidad de penetrar los detalles de las tablillas en Lineal B; Alfonso
Mele, Società e Lavoro neí poemi omerici, publicado por el Instituto di Storia e Antichita
Greche e Romane, de la Universidad de Nápoles (1968); Ja. A. Lencman, Die Sklaverei in
rn.ykenischen usad homerischen Griechenland, trad. del ruso al alemán por Maria Bräver-
Pospelova (Wiesbaden: Sterner, 1966); Sigrid Deger, Herrschaftsformen bei Homer (tesis;
Viena: Notring, 1970). El cuarto, P.A.L. (Greenhalgh, Early Greekare, Cambridge, 1973),
sostiene de manera convincente que hubo un súbito rompimiento con las prácticas micénicas.

Acerca de la estructura política, conserva su validez Rolan Martín, .Recherches sur l'agora
grecque (Bibliothéque des Écoles françaises d'Athénes et de Rome, vol. 174, 1951); sobre el oikos
y la familia, véase W. K. Lacey, The Family in Classical Greece (Cornell; Londres; Thames &
Hudson, 1968), Cap. 2; mi obra "Marriage, Sale and Gift in the Homeric World", en Revue
international des droits de l'antiquité, 31 serie, 2 (1955), pp. 167-94, con una posible
modificación con respecto a Penélope sugerida por Lacey, "Homeric hedna and Penelope's
kyrios", en Journal of Hellenic Studies, 86 (1966), pp. 55-69. La más completa introducción en
inglés al antiguo concepto de una evolución lineal del clan al estado, que pasa por alto el
significado del oikos, se encuentra en Gustave Glotz, The Greek City and lts Institutions, trad.
por N. Mallinson (Nueva York: Knopf; Londres: Kegan Paul, 1929), pp. 1-60. Lo que puede
llamarse una posición intermedia es el extenso relato sobre la "caballerosidad" homérica en H.
Jeanmaire, Couroi et courátes (Travaux et Mémoires de l'Université de Lille, N9 21, 1939,
reimpreso en Nueva York: Arno, 1975), Cap. I. Acerca del trabajo, la técnica y las actitudes de
los griegos arcaicos hacia ellos, véase también J. P. Vernant, Mythe et pensée chez les Grecs
(París, Maspero, 1965), Cap. 4; acerca del ritual institucionalizado de las suplicaciones, J. P.
Gould, "Miketeia", en Journal of Hellenic Studies, 93 (1973), pp. 74-103; acerca de los regalos en
la antigüedad en, general, aunque sorprendentemente sin referencia a los griegos, Marcel
Mauss, The Gift, trad. por lan Cunnison (Illinois: Free Press, 1954, Londres: Cohen & West,
1954).

La posición de los feacios entre la leyenda y la realidad es estudiada por C. P. Segal, The
Pheacians and the Symbolism of Odysseus, en Arion, 1 (1962), Nº4, pp. 17-64; y en las páginas
finales de P. Vidal Naquet, "Valeurs religieuses et mythiques de la terre et des sacrifices dans
l'Odyssée", en Problèmes de la terre en Grèce ancienne, ed. M. I. Finley (París y La Haya:
Mouton, 1973), pp. 269-292.



MORAL Y VALORES

En la primera edición de este libro escribí: "No puede haber mejor manera de comenzar un

estudio de la imagen homérica del hombre y de sus dioses que leer dos recientes libros
complementarios: Bruno Snell, The Discovery of the Mind, trad. al inglés por T. C. Rosenmeyer
(Nueva York: Harper & Row; Oxford, B. Blackwell, 1953), especialmente los Caps. 1, 2, 8; y E.
R. Dobbs, The Greeks and the Irrational (California, 1951), Caps. 1-3. Tal afirmación aún es
válida, aunque bien pude añadir el libro, considerablemente anterior, de Gilbert Murray, hoy
pasado de moda, The Rise of the Greek Epic (31 ed. Oxford:, 1924), lleno de atisbos pese a su
anticuado concepto de la composición de los poemas homéricos.

Entre los libros recientes, dos me parecen extraordinarios: A. W. H. Adkins, Merit and
Responsíbility (Oxford, 1960), Caps. 1-3, y el extenso, sutil y complejo Nature and Culture in the

Page 100

M . I . F i n l e y E l m u n d o d e O d i s e o

100

Iliad: The Tragedy of Hector, de J. M. Redfield (Chicago, 1975). Atkins ha elaborado su análisis
en una serie de artículos, de los que mencionaré "Homeric Values and Homeric Society" y
"Homeric Gods and the Values of Homeric Society", en Journal of Hellenic Studies, 91 (1971),
pp. 1-19, respectivamente. El primero es una réplica a una crítica aguda pero no enteramente
convincente de A. A. Long, "Morals and Values in Homer", en la misma publicación, 90 (1970),
pp. 121-139.

Sobre temas especiales, véase E. Ehnmark, The Idea of God ín Homer (Uppsala: Almqvist &
Wiksell, 1935), que trata el concepto de la divinidad, a diferencia de los mitos acerca de dioses
en particular; R. K. Yerkes, Sacrifice in Greek and Roman Religions and Early Judaism (Nueva
York: Scribners", 1952; Londres: Black, 1953), que subraya el elemento de compartir con gozo;
G. S. Kirk, "War and the Warrior in the Homeric Poems", en Problemes de la apene en Grèce
ancienne, ed. J. P. Vernant (París y La Haya: Mouton, 1968), pp. 93-117; N. Himmelmann,
Ueber bildende Kunst in der homerischen Gesellschaft (Abhandlungen der geistes und
sozialwissenschaftlichen Klasse, Akademie der Wissenschaft und der Literatur. Maguncia,
1969, Nº 7), estudio más variado de lo que indica el título, acertadamente complementado por
Felix Eckstein, Handwerk I, en Archaeologia Homerica, ya menciona-da, Vol. 2, Cap. 1 (1974).







EPÍLOGO



El tema de W. J. Verdenius, Homer, the Educator of the Greeks, publicado en las Medelingen

de la Academia Holandesa, Vol. 33 Núm. 5 (1970), es evidente por su título. El marco esencial
es aportado por Sir Frederic Kenyon, Books and Readers in Ancient Greece and Rome (2 ª ed.,
Oxford, 1951), y H. 1. Marrou, A History of Education in Antiquity, trad. G. Lamb (Nueva York:
New American Library, 1964; Londres: Sheed & Ward, 1956, traducción no fidedigna de una
obra que lleva seis ediciones en el original). Se encontrará un estudio de la antigua erudición
griega sobre Homero en R. Pfeiffer, History of Classical Scholarship (Oxford, 1968); acerca del
debate entre cristianos y paganos por Homero, en Jean Pepin, Mythe et allégorie. Les origines
grecques et les contestations judéo-chrétiennes (París: Aubier, 1953), pp. 86-214.

En The Ulysses Theme (ed. rev„ Michigan; Oxford; Blackwell, 1963), W. B. Stanford examina
las imágenes, tan notablemente variadas, de Odiseo, desde la antigüedad hasta nuestros días.
Acerca de los temas homéricos en el antiguo arte figurativo griego, véase K. Friis Johansen, The
Iliad in Early Greek Art (Copenhague: Munskgaard, 1967), Karl Schefold, Myth and Legend en
Early Greek Art, trad. al inglés por Audrey Hikcs (Nueva York: Abrams; 1966), M. B. Scherer,
The Legends of Troy in Art and Literature (Nueva York y Londres: Phaidon, 1963), recorre
muchos siglos; aunque las casi 200 láminas son muy atractivas, las reproducciones a menudo
son demasiado pequeñas y el texto no es realmente profesional.

Similer Documents