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TitleP. Sáenz - Anacleto González Flores y la Epopeya Cristera
TagsReligion And Belief Politics (General) Christ (Title) Mexico Catholic Church
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inercia. Pero ello no ha sucedido. Tenemos que comprarla. Y su precio es

el dolor, o al menos la fatiga y el esfuerzo. Habrá que elevar el corazón, al

conjuro de una sola fórmula: vivir por encima de uno mismo. Esta fórmula

«dicha hoy, mañana, todos los días al sentir el roce cálido de las alas

nuevas de la juventud la echará toda entera con todos sus bagajes de roja y

ardiente generosidad hacia todas las vanguardias».



Recuerda González Flores cómo cuando Platón quiso cuajar en el

Fedón el recuerdo de su maestro, puso en los labios del mártir estas

palabras: «El riesgo es bello y debemos embriagarnos con él».



Lo que así comenta Anacleto: «El riesgo fue la más ferviente pasión

de Sócrates; había apurado en cada paso el cáliz del riesgo, y tuvo razón

para prendarse de la juventud, porque ante ella se encontró cara a cara con

la belleza insuperable del riesgo, al paso de las almas ávidas de altura». De

esta manera vivió Sócrates, embriagado de riesgo, apurando el cáliz del

riesgo a cada paso, y entregando su cabeza al golpe último en plena

embriaguez de riesgo: el riesgo supremo de perder la vida. Tal fue el

maestro más elevado que tuvo la juventud de Atenas.



Comentando las palabras de Anacleto afirma Gómez Robledo que

ellas son definitorias para la interpretación estética de su magisterio. Amó a

la juventud con el mismo arrebato psíquico con que el artista intuye su

creación. Y es propio de los grandes artistas unir la intuición a la aventura,

jugarse la existencia por la belleza.



«Vincular, como en Sócrates y González Flores, el artista, el maestro

y el mártir, es lección eterna de fortaleza. Sus muertes no fueron sino las

nupcias sangrientas del artista con la belleza del riesgo».



Insiste Anacleto en que el cristianismo está inescindiblemente unido

con la juventud de espíritu. Si Tertuliano dijo que el alma humana es

naturalmente cristiana, se puede decir igualmente que la juventud, por lo

que tiene de permanente osadía, es naturalmente cristiana. Más aún, «la

juventud se completa, se robustece y se asegura contra su debilitamiento o

su extinción, poniéndose bajo el aliento perpetuamente juvenil de Cristo».

Porque el cristianismo es la doctrina del riesgo, o mejor, la que nos permite

cruzar victoriosamente a través de todos los riesgos.



«Incorporada la juventud de cada hombre en la juventud eterna de

Cristo, se sumará una osadía a otra osadía; y sumadas esas dos grandes

audacias, se formará el nudo que abarcará todos los destinos».

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Será preciso desposar la propia juventud, que es la audacia de un día,

con la juventud de Cristo, que es la audacia de lo eterno. Los jóvenes

deberán juntar sus dos manos, todavía mojadas en el odre de la vida, con

las dos manos de Cristo, mojadas todavía en la sangre de su audacia. He ahí

lo que afirmaba Lacordaire: «La juventud es irresistiblemente bella, con la

belleza del riesgo, es decir, con la belleza de la osadía», y también: «La

juventud es sagrada a causa de sus peligros». Habrá que arrojarse en el mar

del peligro, en la corriente de los riesgos, con la canción en los labios, con

un gesto de desdén en la boca y con plena confianza en el logro final. Esto

es lo que necesita el catolicismo mexicano: una transfusión de juventud.



Es de ella «de donde deben salir los valores que acabarán con nuestro

empobrecimiento y con nuestra mediocridad y que saltarán por encima de

todas las murallas para quebrar medianías, para pisar nulidades y para

empinar a Dios, majestuoso y radiante, sobre los tejados y sobre los

hombros de patrias y de multitudes. Nada de valores a medias; nada de

valores incompletos; nada de valores que se aferran a su aislamiento, que

titubean, que se ponen en fuga frente a la Historia y que se satisfacen con

un milímetro de tierra».



Sólo harán la gran revolución, la revolución de lo eterno, las

banderas tremoladas por la juventud que todavía le reza y le canta al joven

carpintero que a los 33 años comenzó la única verdadera revolución, que es

la revolución de lo eterno, y que pasa por nuestras vidas como un huracán

preñado de heroísmo.



4. El enamorado del verbo



estaquemos el valor que Anacleto le atribuía a la palabra, sea oral o

escrita. Como orador, fue fulgurante. Cual otro Esquilo, «llenó de

almenas las alturas del lenguaje», con el fin de suscitar una estirpe

de héroes, al estilo de Godofredo de Bouillon, Guillermo Tell y el Cid, sus

arquetipos favoritos, que se pusiesen al servicio de la Patria y de la

Religión conculcadas.



En un artículo titulado «Sin palabras» afirma que una falsa e

infundada apreciación del significado que tiene la palabra, ha hecho que en

estos últimos tiempos se la arroje el margen de la vida, o cuando menos, se

la coloque en un lugar muy secundario. Poco se confía en la palabra, como

si lo único importante fuese la acción. Los obreros que elevan edificios con

palabras y no con ladrillos, son vistos con desdén, pensándose que una

acción vale un millón de palabras. «Más bien debiera decirse que una

acción es una palabra reciamente moldeada en el crisol encendido de la

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Obras Consultadas


 Joaquín Cardoso, S.J., El martirologio católico de nuestros días. Mártires
Mexicanos, 2º ed. Buena Prensa, México D.F. 1958.



 Heriberto Navarrete, S.J., «Por Dios y por la Patria», Memorias, Jus, México
D.F. 1961.



 José G. Gutiérrez Gutiérrez, Mis recuerdos de la gesta cristera, 3 vols.,
Guadalajara, México 19751976.



 Vicente Camberos Vizcaíno, Un hombre y una época (sobre Miguel Gómez
Loza), Jus, México 1950.

–Más allá del estoicismo (continuación), Jus, México, 1953.

–El quinto Arzobispo de Guadalajara don Francisco Orozco y Jiménez,

Guadalajara, Jalisco 1994.



 Spectator, Los Cristeros del Volcán de Colima, Veritas, México 1930.


 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas, presidente comunista, 2 vols.,
Tradición, México 1989.



 Andrés Barquin y Ruiz, Los Mártires de Cristo Rey, Criterio, México 1937.


 Joaquín Blanco Gil, El Clamor de la Sangre, 2ª ed., Jus, México 1967.


 Mons. Dr. Emilio Silva de Castro, La Virgen María de Guadalupe, Reina de
México y Emperatriz de las Américas, Guadalajara, México 1995.



 Enrique Díaz Araujo, La epopeya cristera, en «Gladius» nº 4 (1985) 3964; nº
6 (1986) 5376; nº 8 (1986) 65100.



 Jean Meyer, La Cristíada, 3 vols. Siglo XXI, México 1974.
–La Cristíada, 4 fascículos, Clío, México 1997.



 Anacleto González Flores, Ensayos-Discursos, Jus, México 1967.
–Tú serás Rey, 2ª ed., Ed. de la ACJM, Guadalajara, México 1989.

–El plebiscito de los mártires, México 1930.



 Antonio Gómez Robledo, Anacleto González Flores. El maestro, 2ª ed., Jus,
México 1947.



 José Vasconcelos, La Flama, Continental, México 1959.

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